viernes, 3 de marzo de 2017

De mercaderes PRDistas

Garganta Profunda: Barbosa: el mercader de la deslealtad y de la incongruencia

2017-03-03 | Por Arturo Luna Silva

No hay uno solo de sus antes aliados que pueda decir algo bueno de él. Ha traicionado por la izquierda y por la derecha por igual y, ahora que ve perdido su futuro económico y  político para 2018, por la debilidad de su partido, el de la Revolución Democrática (PRD), Luis Miguel Barbosa Huerta se acordó de que admira a Andrés Manuel López Obrador; en abierta incongruencia, de la noche a la mañana, respaldó su “honestidad valiente” y hasta ha resultado su mejor defensor ante los “ataques del establishment” que representan el PRI y el PAN.

Hace apenas 20 meses, ofendió, renegó y arrasó con la reputación de AMLO y su Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Ahora se suma a su “proyecto de nación”, pide asilo allá y el perdón del mesías, esperando que en las puertas del cielo lopezobradorista también haya lugar para los infieles conspiradores.

No podía ser de otra manera.

El oriundo de Zinacatepec reedita la misma fórmula que lo ha hecho rico, inmensamente rico, y le ha permitido alcanzar muchas posiciones de poder: primero lanza el halago, luego recoge los dividendos y, finalmente, clava la puñalada trapera.

El todavía coordinador de los senadores del PRD ha avanzado a lo largo de su carrera, aunque siempre por la vía plurinominal, gracias a la corriente Nueva Izquierda (NI), la que en su nombre de tribu es conocida como Los Chuchos.

Ellos, principalmente su ex jefe y uno de quienes más han sufrido su deslealtad, Jesús Ortega Martínez, lo hicieron dirigente del PRD en Puebla, a finales de los años 90.

En esa posición sigue siendo el cacique e impone títeres.

La de ahora, la presidenta estatal del partido del sol azteca, es Socorro Quezada.

Ella también, en abierta incongruencia, ahora es lopezobradorista.

Como dirigente estatal del sol azteca, a Luis Miguel Barbosa le tocó convivir en paralelo con el tabasqueño, quien era dirigente nacional.

Barbosa siempre se quejó amargamente del maltrato de Andrés Manuel López Obrador y de que no atendía sus peticiones de visitar Puebla.

El hoy presidente del partido Movimiento Re-

generación Nacional (Morena) literalmente lo ignoró.

Años después, y también de la mano de Los Chuchos, Barbosa fue diputado federal.

Luego fue la mano derecha de Jesús Ortega como coordinador nacional de Nueva Izquierda.

El poblano sabe bien que gracias a Los Chuchos llegó a senador en 2012 y que también por ellos consiguió la coordinación de los perredistas.

Fue él quien convenció a sus jefes de sumarse a la alianza que llevó a Rafael Moreno Valle a la gubernatura.

El ex gobernador es otro de los personajes que han vivido en carne propia su traición.

Lo encumbró, lo benefició y luego Barbosa le dio la espalda.

Sí, el poblano, bisnieto del general revolucionario Francisco Barbosa y nieto del cacique de la región de Tehuacán, es un mercader de la deslealtad.

Hace menos de dos años, el hoy convencido lopezobradorista acusó a AMLO de ser “un soberbio infinito”.

Incluso aseguró que Movimiento Regeneración Nacional –en los días de su registro formal como partido– no era “un partido nuevo”.

Se burló de que “su tamaño apenas es de 8.37% de la votación nacional”.

También, hay que recordar, en esos días de junio de 2015, López Obrador dijo que con el Partido de la Revolución Democrática no irá “ni a la esquina”.

Barbosa, entonces, lo tomó personal y aseguró que “nadie le va a rogar a AMLO con esa soberbia. El PRD nunca será cabús de nadie”.

Y arremetió más contra el tabasqueño, al que tildó de “liderazgo dogmático, que no representa la visión del pensamiento moderno y progresista; no podemos ir (con él) ni a la esquina”.

De eso, hace apenas un año y ocho meses.

Nada más.

Sus mismas palabras son la prueba irrefutable de su incongruencia.

Hoy, para Barbosa, AMLO ya no es soberbio, ya no es dogmático y Morena ya no es el “partido” del 8%.

No se equivoca su constructor y padre en la política, Jesús Ortega, cuando pide que Barbosa deje la coordinación de los perredistas en el Senado.

“¿Le conviene a él estar en un lugar como es el Grupo Parlamentario del PRD que él rechaza, el PRD que él no considera viable? ¿Le conviene?

“¿Es congruente con él estar en un lugar que está permanentemente repudiando?”, son las preguntas que Ortega lanza y que llevan inherentes las respuestas.

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