lunes, 15 de junio de 2015

Persigue RMV a quienes no piensan como él

Alejandro Solalinde, sacerdote experto en defensa de los derechos de los migrantes, hizo una fuerte crítica, en esta ciudad, sobre el trabajo del gobernador Rafael Moreno Valle, a quien calificó de represor; al mismo tiempo cuestionó la labor del gobierno y la iglesia católica sobre temas como la violencia y también abordó el caso de Ayotzinapa.

La represión es el método que la mayoría de los gobiernos aplican contra quienes piensan diferente y en esa materia en Puebla hay un especialista y se trata del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, a quien el clérigo calificó como un represor, que prefiere el lenguaje de las balas.


“Que dios nos libre”, exclamó al preguntarle su opinión sobre las aspiraciones presidenciables de Moreno Valle, pues recordó que se trata de un gobernador que no sabe construir estructuras de participación de abajo hacia arriba, que jamás consulta con sus gobernados, no quiere escuchar, prefiere una gestión autoritaria, dicta leyes anti dialogo y opta por meter a la cárcel a gente que está luchando.

En ese sentido, agregó, Moreno Valle no se diferencia mucho de Enrique Peña Nieto, hay total negativa a escuchar a los gobernados y se asumen actitudes de cerrazón, tal como ocurrió recientemente con los maestros de la CNTE, con quienes el gobierno federal se niega a dialogar.

Cada vez que una persona se arriesga a cruzar por México, en busca de llegar a Estados Unidos, se convierte en un blanco ideal para sufrir todos los abusos, pero cuando quien emprende esa aventura es un niño, el peligro es todavía mayor, advirtió el padre Solalinde, quien expresó que no solo se trata de los delincuentes menores, sino de bandas de delincuencia organizada que cuentan con el apoyo del poder gubernamental, por lo que es difícil detenerlos.

Al inicio los mexicanos les apoyaban desinteresadamente, proporcionándoles alimentos, pero posteriormente les comenzaron a cobrar la comida, luego se las vendían más cara, por tratarse de gente que tenía gran necesidad y los abusos aumentaron al grado de que ahora se les extorsiona, se les ataca sexualmente, los secuestran, los asesinan y se venden sus órganos en el mercado negro.

Se inició con ellos, porque no había quien los defendiera, porque no tenían dónde quejarse, por ser nadie en tierra mexicana; hubo entonces silencio de muchos y la voracidad de los delincuentes, tanto los que actúan en la clandestinidad como las de sus brazos políticos, que todos los tienen, ha crecido de tal forma que ahora van contra los de casa, lo que se demuestra con la gran cantidad de personas, sobre todo niños y jóvenes, que desaparecen a diario en el país, alertó Alejandro Solalinde.

Denunciar todas esas atrocidades le ha valido amenas de muerte, campañas de desprestigio, señalamientos en su propia institución, lo que definitivamente ya no le causa miedo, sabe que quienes alzan la voz pueden ser asesinados, pero aclara que tampoco quiere que eso ocurra, por lo que trata de cuidarse sin dejar de denunciar, ya que está convencido de que es su deber alzar la voz ante todos los abusos y la corrupción que impera en los distintos niveles de gobierno.

La crítica de Solalinde alcanza también a la propia institución a la cual pertenece: la iglesia católica, de la cual dijo no ha adaptado sus estructuras a los derechos humanos, se niega a aceptar a la mujer como igual al hombre y relega a los jóvenes, lo que la lleva a tener una gerontocracia.

Sueña él con una iglesia de jóvenes, donde incluso pueda haber una Papa o mujeres obispos y sacerdotes, en la que se elimine el Estado del Vaticano y se le deje solamente como la Santa Sede, en la cual se revise el trabajo de evangelización y humanismo en lugar del económico y político.

Ayotzinapa y los 43 normalistas desaparecidos fueron tema obligado en la rueda de prensa que Alejandro Solalinde ofreció en esta ciudad, previo a la conferencia pública, en ambos casos habló de los jóvenes, pidió que la memoria se mantenga viva y que la lucha no se debilite para exigir su presentación con vida.

Desaparecidos es el manejo que ahora da al caso de los normalistas, aun cuando fue la primera voz en sostener que los muchachos fueron calcinados y asesinados; el cambio del discurso, aclaró, tiene una razón que es justificante.

Tras los acontecimientos del 26 de septiembre de 2014 en Guerrero, sostuvo, se le acercaron seis personas que le dieron información sobre los hechos, todas coincidiendo en que los normalistas desaparecidos estaban realmente muertos, porque fueron asesinados por policías y el Ejército, lo que le convierte definitivamente en un crimen de Estado.

Pero es necesario, expuso, mantener el asunto vivo, aceptar su muerte es permitir que se cierre el caso, equivale a dejar que el gobierno vuelva a hacerlo; por eso se cambia el discurso para que siempre exista el señalamiento contra el responsable

Sin dejar de buscar la verdad de lo que ocurrió con ellos, hay que mantener la verdad histórica, esa en la que el estado es el principal responsable, la que mantenga la exigencia y el señalamiento que impida que se repita un hecho semejante, concluyó.

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