domingo, 9 de septiembre de 2012

Se envolvió como regalo para su novia y casi muere asfixiado


  • Chino enamorado estuvo tres horas encerrado en una caja de cartón.

2012-09-02 | CHINA.- Hu Seng está enamorado hasta las patas. Este joven chino, de la ciuad de Chongqing, quiso sorprender a su novia de una manera original. Para conseguirlo, se metió a una caja de cartón, pidió que lo sellaran como si se tratase de un regalo y se autoenvió como encomienda a la oficina de Li Wang.


Un amigo le ayudó a que la caja quedara completamente cerrada. Usó cintas de embajale y la fue a poner a una compañía de correos que no tenía idea qué había adentro. En la oficina de Wang, otro amigo de Seng esperaba el paquete con una cámara de video para registrar la cara de felicidad de la polola cuando abriera la cajita.

Los primeros minutos de la sorpresa parecían ir sin contratiempos. Los cómplices registraban todo con sus cámaras, pero la empresa de correos confundió las direcciones de despacho y la entrega con carácter urgente, que no debía demorar más de media hora en llegar a destino, terminó prolongándose por tres horas. Todo ese tiempo Hu Seng lo pasó encerrado en un espacio ínfimo, sin aire, acurrucado y aguantando los movimientos del traslado. Tampoco quiso pedir ayuda, para no arruinar la sorpresa.

Cuando la encomienda llegó a la oficina de la chica y ella la abrió, se encontró con algo sorprendente: su Pololo estaba a medio morir ahí adentro, desmayado, enroscado sobre sí mismo y con un peluche entre los brazos. Su estado era tan grave que los compañeros de trabajo de la muchacha tuvieron que llamar a los paramédicos para poder reanimarlo, mientras la desesperada novia miraba el procedimiento médico con preocupación.

Una vez recuperado, Hu Seng explicó su romántica intención, detallando por qué no hizo nada para evitar morir asfixiado. “No sabía que demoraría tanto la entrega. Cuando me comenzó a faltar el aire, intenté hacer un hoyo en la caja con las uñas, pero el cartón era demasiado grueso y tampoco quería arruinar la sorpresa gritando para pedir ayuda”, dijo Seng ya fuera de la caja y recuperado.

Un vocero de la firma encargada de entregar la encomienda explicó que “si hubiéramos sabido lo que él pretendía hacer, no habríamos aceptado bajo ningún término el envío, porque incluso cuando llegamos a aceptar el traslado de animales, los introducimos en contenedores especiales para que puedan respirar sin poner en riegos sus vidas”.

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