sábado, 28 de julio de 2012

Un orgasmo femenino con Víctor Noir


Víctor Noir - Ver vídeo
El periodista francés Yvan Salmon (1848-1870), y que se hizo famoso con el seudónimo, Víctor Noir y por el potencial reproductivo de su pene, aún cuando no dejó descendencia. Hijo del relojero José Jacques Salmón y de Josefina Elizabeth Negro, Víctor nació en Attigny, Vosges, y murió asesinado por un familiar de Napoleón III. 
El crimen causó una estampida de indignación popular: el joven, de 22 años, recibió un disparo cuando quiso mediar entre su jefe,
el director del periódico La Marsellesa, y aquel político, que, enojado, desenfundó y disparó a quemarropa.


Aquel violento episodio con el tiempo debió pasar al olvido, al tratarse (según los expertos) de figuras menores, sin embargo a pesar de la condena generacional al olvido, sucedió lo contrario. El escultor Amédée-Jules Dalou esculpió al joven asesinado tal como lo vio la tarde en que su cuerpo apareció en las calles de París:

"Tendido boca arriba y con su pene, de respetables proporciones, erecto debajo del pantalón. Sus deudos instalaron la escultura del periodista al lado de su tumba. Y, como no podía ser de otra manera, su prominente erección no pasó inadvertida. Sobre todo porque enseguida corrió la creencia según la cual aquellas mujeres que se animan a besar, frotar o incluso rozar el pene metálico atraerán la fertilidad.


La veracidad de estos relatos, que llegan a alegar la celebración de complejos rituales de orgasmos femeninos, se ha comprobado de dos maneras. Permaneciendo lo suficiente cerca de la estatua, donde las muchedumbres hacen cola para tocar o contemplar la abultada representación fálica, como también al observar el bronce oxidado comparado con el pulido de la zona sexual masculina, así como también en la cara el área de la nariz y la barbilla en donde el frote discreto puede pasar desapercibido entre la concurrencia, así como en la punta de las botas.

Sin embargo, este artilugio de orgasmo femenino parece haber sido robado de su exclusividad, cuando
; "De vez en cuando, sobre la bragueta abultada y corroída, aparece, paradojal y sorpresivo, un escarpín celeste o rosa. Pero la insistente mención de Victor en las páginas gay de Internet, muestra que el mito ha sido expropiado y adaptado: tocar íntimamente la estatua de Víctor Noir responde a una superstición más gratuita y placentera que la de garantizar la fecundidad", escribió la ensayista María Moreno.

Las propiedades mágicas de la brillante protuberancia que convoca a centenares de señoras y señores por fin de semana al cementerio Père Lachaise de París tiene que ver con otros condimentos biográficos del periodista. Las mujeres que asisten a su sepultura aducen que, además de bien dotado, el joven recibió el disparo un día antes de su boda. Un rumor que no ha sido documentado y que queda relegado, por tanto, a los frondosos territorios del anecdotario.

La historia del hecho
El 10 de enero 1870, Noir, redactor de La Marsellesa, de orientación antibonapartista, había ido junto a un colega a visitar a Pierre Bonaparte, primo de Napoleón III. Bonaparte se había sentido difamado por un artículo de Pascual Grousset y ambos fueron de su parte para fijar los plazos de un duelo. En ese contexto se produjo la discusión donde resultó muerto Víctor.

El crimen desató una masiva reacción popular y creció aún más el clima de agitación antinapoleónica. La prensa republicana exigió juicio al homicida del joven periodista. Pero el Tribunal Supremo lo absolvió, consideró que el asesino había disparado "en propia defensa" (pese a que el joven estaba desarmado) y condenó a tres periodistas, incluido Grousset. Tras la caída del Segundo Imperio, la tumba de Noir se convirtió en un símbolo republicano.

Con cerca de siglo y medio de muerto, el joven periodista sigue escandalizando a la mujeres devotas de nuestro tiempo e irritando a los caballeros, que ven su virilidad vapuleada, por la imagen de un cadáver que despierta los más encendidos placeres en mujeres de todas las edades, envidiable para algunos, motivo de reproche para otros.

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