miércoles, 31 de enero de 2007

Paredes Moctezuma un loquito inteligente






2008 Fauna Política / Rodolfo Herrera Charolet

Chifladura, demencia, disparate, enajenación, enloquecimiento, manía y trastorno son algunos de los sinónimos para locura, (del latín vulgar delirare, de lira ire, que significaba originalmente en la agricultura "desviado del surco recto"), provocado presumiblemente por un desequilibrio mental, por el cual un individuo puede padecer delirios enfermizos, impropios del funcionamiento normal de la razón, sin que esta causa sea óbice de poseer una inteligencia promedio o superior a la estándar.



También es aceptado el adagio que afirma “el que nada debe, nada teme”, como también se conciente que un prófugo de la justicia que logra un amparo federal, no deja de ser un sospechoso candidato a delincuente, hasta que se le comprueben sus fechorías se confirmará que es un malhechor. Si el presidente municipal de Puebla en el periodo 2002-2005, que responde al nombre de Luis Eduardo del Sagrado Corazón de Jesús Paredes Moctezuma, a quien algunos columnistas le llamaron como, el loquito Paredes Moctezuma, quien se dice que no es culpable de los desfalcos realizados al erario municipal, ¿entonces porque se exilió por más de un año? Designando representantes ante diversos órganos jurisdiccionales para rendir cuentas, solventar sus asuntos y en su caso solicitar el amparo y protección de la justicia federal, sin dar la cara ni hacer “socialitos”.



La respuesta a vote pronto es sencilla, en mi opinión que puede ser también un disparate se resume en cinco palabras: “El loquito se encontraba escondido”, desde luego, por el temor de defender su causa desde la cárcel.



Pero regresemos al término que nos ocupa y el epíteto que le han endilgado los columnistas poblanos al no muy célebre personaje.



Se designó como locura hasta final del siglo XIX a un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas. El loquito rechaza desde luego lo establecido, pelea por todo y contra todos, solo su razón es la válida. Así entonces, en los hechos, Paredes Moctezuma, inició su pleito al llamar “pendejos” a los diputados de la LV legislatura, cuando muchos de ellos siendo compañeros de su partido le defendieron en la tribuna; posiblemente eso merecían. También esos “pendejos” le aprobaron el contrato multimillonario de Mexicana de Mantenimiento y Alumbrado, porque muchos de ellos, incluyendo personalidades del momento, debieron acatar la instrucción (que no el convencimiento) de votar a favor del contrato que le ha representado al pueblo un despilfarro superior a los 30 millones de pesos. La razón de su aprobación fue la complicidad y desde luego los temores de algunos funcionarios y legisladores. Sin embargo, no obstante de haberse beneficiado Paredes Moctezuma con el contrato aprobado, siguió peleándose con los legisladores, muchos de ellos ofendidos en su ego interno, pero disciplinados a quien le ordenó la ignominiosa propuesta.



Por si fuera poco, la locura no reconoce las normas sociales, así Paredes Moctezuma peleó contra su partido, que lo llevó al banquillo de los acusados y decretó su expulsión. Desde luego que también “les ganó” en los tribunales y los dejó (como dice el propio Paredes) “pendejos”.
Pero la deficiencia de las leyes que ha beneficiado la causa de Paredes Moctezuma no es sinónimo de triunfo, puesto que se ha demostrado y podrá demostrarse en cualquier momento, que su fuerza fue la complicidad o la ignorancia total de los hechos, que pudieron haber servido para destituirlo.



EL mayor problema al dictaminar la sanción a Paredes Moctezuma, la primera, a la que me opuse como diputado local, fue la falta de una debida argumentación en la motivación, así como la de sancionarlo por minimiedades y dejar pasar la cuenta pública que finalmente aprobó. Al oponerme en la segunda, por excesiva, el resolutivo en si mismo denota el defecto en la ley, razón por la cual, puede proceder y acreditarse el agravio en su impugnación. Defectos en las leyes que los legisladores no han querido corregir, ya sea, por negligencia, compromiso o total desconocimiento.



Cualquiera que sea la razón, por la cual, Paredes Moctezuma logra sus pretensiones, no indica que tenga la razón, puesto que una deficiencia en la ley no justifica los gastos excesivos de obras mal hechas, ni la actitud discrecional de dilapidar el erario, recursos del pueblo que se le confiaron para su mejor uso.



¿Cómo se justifican los puestos de periódicos colocados en las calles del centro histórico y principales avenidas con un costo superior de cada uno de 100 mil pesos. Cuando con ese dinero se puede construir toda una casa de interés social?



¿Como se justifica el adorno de la extinta torre del milenio por más de un millón de pesos?
¿Como se garantiza la seguridad de los poblanos con un “distribuidor” (que no lo es) Juárez-Serdán con costos de obra que rebasaron los topes asignados en más de 200 millones de pesos y que aún tiene deficiencias técnicas que ponen en peligro la vida de sus usuarios?



¿Como justifica Paredes Moctezuma su rechazo público como gobernante o como se justifica ante la vida como una persona que interpreta a su conveniencia las normas sociales y establece criterios no éticos en el desempeño público, como lo demostró un video de “capacitación” a funcionarios de su partido?



¿Como justifica Paredes Moctezuma (como lo afirma) su acoso de “El Pantano” y el “yunque”, cuando precisamente él, fue un miembro prominente de los grupos juveniles y su fanatismo en los turbulentos sucesos de la UAP de los 70´s?



¿Cómo se justificó ante la Procuraduría General de la República cuando afirmó haber comprado armas de fuego para los policías y lo denuncié por acopio de armas?
La respuesta a todas y cada una de ellas, es simple, se justifica con la mentira, la desfachatez y la negligencia de autoridades y funcionarios que deben vigilar que los delincuentes reciban su merecido castigo.



Para concluir esta parte primera de mi tratado, debo asegurar que desde luego, la locura es la desviación de la norma, que se identifica por la realización de actos extraños y (auto-) destructivos. Aún cuando los síntomas de ciertas enfermedades, como la epilepsia u otras disfunciones mentales, se han calificados de locura y por desgracia “el Poder vuelve locos a muchos”.



¿O no lo cree usted?

lunes, 8 de enero de 2007

Asesinan a hijo de expresidente municipal

8 de enero de 2007
La Procuradora General de Justicia del Estado, Blanca Laura Villeda Martínez, afirmó que fue asesinado Alejandro Hernández Amador, de 35 años de edad y avecindado en la colonia RIcón de Jalpan, en la población de Villa Ávila Camacho, junta auxilar de Xicotepec de Juárez, en el cual no se pueden descartar como responsables a sicarios provenientes de Veracruz pertenecientes al crimen organizado.
Habitantes de Villa Ávila Camacho –población también conocida como La Ceiba– afirman que  Hernández Amador, quien se jactaba de haber ingresado a la Policía Federal Preventiva (PFP) y presumía que en breve formaría parte de la Agencia Federal de Investigación (AFI) podría haber sido asesinado por matones al servicio de traficantes de drogas.
Alejandro Hernández Amador, propietario de un negocio de camiones transportistas de materiales y renta de maquinaria, mantenía una buena relación con Ardelio Vargas Rosado, actual director de la PFP y AFI y quien fue presidente municipal en el periodo 1987-1990. También era hijo de Marco Antonio Hernández de la Vega, quien fungió como presidente municipal de Xicotepec en el periodo 1972 a 1975
En el momento de perpetrarse el crimen, Alejandro Hernández se encontraba supervisando vehículos que cargaban gasolina en la orilla de la carretera México-Tuxpan. Este lunes, al filo de las 8:40 horas, Hernández Amador, descendió de su camioneta Ford Lobo de color guinda y se dirigió al puesto de tacos propiedad de Jorge Romano. En esos momentos dos jóvenes de entre 27 y 30 años, que arribaron al lugar caminando, descargaron sus armas en el hoy occiso. En el lugar del asesinato fueron encontrados 15 cartuchos de pistolas 9 y 38 milímetros. En el cuerpo fueron encontrados seis balazos que se impactaron en el cuerpo de la víctima: uno en cada brazo y los cuatro restantes en el abdomen.
Testigos del crimen afirman que tras cometer el crimen los sicarios huyeron a pie enfilándose hacia la colonia El Salto, con rumbo al cerro del Tepeyac, sin que nadie tratara de detenerlos. Media hora después llegaron elementos de la Policía Judicial, Estatal, Municipal y Auxiliar a bordo del transporte público, en virtud de que no tienen vehículos propios de las corporaciones.
El 27 de octubre de 2006, en la misma zona fue encontrado sin vida el cuerpo descuartizado y decapitado del joven Jesús Santos de los Ángeles, cuyo homicidio aún no ha sido esclarecido por la Procuraduría General de Justicia, aunque se informó que ya hay órdenes de aprehensión en contra de los presuntos responsables.
El 4 de septiembre de de 2006, fue ejecutado Teodoro Castillo Madariaga, de quien primero la PGJ dijo que se trataba de un próspero empresario, para luego desmentir su dicho y afirmar que se trataba de un delincuente. Teodoro Castillo fue secuestrado por un comando armado que se enfrentó a balazos con la policía municipal de Xicotepec de Juárez e hicieron detonar una granada de mano.