sábado, 2 de octubre de 1999

Tlatelolco en Llamas


por Rodolfo Herrera Charolet


Nuevamente la sangre corre como si fuera agua de lluvia en un día triste, húmedo y en agonía, por doquier hay despojos humanos, los que tuvieron suerte murieron aprisa, los que no, fueron torturados. La matanza no cesa, se pelea de manera desigual, unos fuertemente armados y en calidad de mercenarios matan por ordenes, los otros con exiguos blasones defienden ideales muriendo por una quimera que resultó insuperable. Guerreros de ideales, sobre ruinas y ajusticiados.

Hace tres meses que había comenzado todo, el desenlace ya se conocía, un final de una sola batalla sin treguas, con matanza ejemplar de mártires y carniceros. Sólo se respira el olor de sangre caliente, por doquier sombras presurosas esconden muertos, en una batalla en donde no hubo tambores y los combatientes defensores resultaron ser, jóvenes inexpertos, que sin cascabeles en los tobillos, pretendieron imponerse a la fuerza destructora de un ejército preparado.